lunes, 12 de septiembre de 2016

EL RÍO MAGDALENA DESDE SU GEOMORFOLOGÍA

EL RÍO MAGDALENA DESDE SU GEOMORFOLOGÍA 


Al río grande de La Magdalena, lo tildan de veleidoso, de caprichoso y en algunos casos, de hasta rebelde. Nuestras poblaciones aborígenes lo llamaban “Karakalí en su tramo final, más sin embargo le tenían tantos nombres dependiendo de su ubicación y de la tribu imperante, (lo llamaron también “Yuma”, “Caripuña” y otros más...). Muy a pesar que en un sin número de ocasiones, se hizo impenetrable para las tropas de Rodrigo de Bastidas y Alonso de Ojeda en su desembocadura, hay algunas trazas de su historial sedimentario que han quedado plasmadas en sus huellas geomorfológicas. Su trazo dista mucho de ser un curso aburrido y sinuoso, repleto de esos meandros curvilíneos que caracterizan a unos tantos mas. Su carga sedimentaria es violenta, pesada y entre otras características, disímil. Quizá sea aquí el impacto antrópico donde más expresa su incidencia. Muchos científicos nacionales y extranjeros le atribuyen al caótico manejo de las tierras aledañas en sus riberas, a causa de los desarrollos agrícolas, ganaderos y proyectos viales, el incremento sustancial de los sólidos en su flujo. Esta condición innegable ha sido una causal importante, en la manera como esta arteria fluvial se expresa hoy día. Sin duda alguna la dependencia del país, la Región Caribe colombiana y varios municipios más, del río Magdalena es crucial e inobjetable. 



Algunos planos geográficos de la transición de la Colonia a la nueva República, evidencian un delta fluvio-marino, inmerso en la Ciénaga Grande de Santa Marta y fuertemente condicionado por los vientos alisios y las corrientes litorales del noroeste. A pesar que muchos de los enfoques de la geomorfología la dirigen hacia una ambientación geográfica, su base y sustento reside en la geología. Un estudio de las condiciones geomorfológicas de un ente tan dinámico, como el río Magdalena, ayuda a entender y a predecir su comportamiento. No debe asimilarse simplemente como un mero marco referencial.


Desde Calamar, sin tener una datación absoluta que estime el inicio de su tránsito hasta Bocas de Ceniza, el Magdalena ha sido muy sui géneris en su trasegar. Su discurrir previo residía dentro de un confinamiento en los entornos de la depresión Momposina. Hay particularidades muy visibles que muestran que el río Magdalena no inicia su desemboque en este sector, en un ambiente lacustre o fluvio-lacustre sino seco, en una planicie costera. Su curso realiza el fundamento de un relleno sedimentario primigenio en las cercanías de Calamar, divaga por los alrededores de Arroyo Hondo, Santa Lucía, Mahates abriendo un ramal incipiente hacia la zona inferior de la isla Barú. Las características líticas y reológicas de los terrenos adyacentes, muestran una gradación y una composición mineralógica muy similar a los sedimentos sólidos arrastrados por el Magdalena. Sin embargo el río opta por consolidar su curso mayor recostándose a la línea tectónica de las colinas bajas y monticulares del actual departamento del Atlántico, en su lado oriental. Es aquí cuando el río conforma su expresión geomorfológica típica. Hay evidencias incuestionables de la conformación de terrazas aluviales extensas, de su interacción con un antiguo golfo amplísimo y extenso que se localizaba entre la Sierra Nevada de Santa Marta y los últimos vestigios del plegamiento suroriental del hoy departamento del Atlántico. Desde el punto de vista geotectónico y por la incidencia del cinturón orogénico de San Jacinto, varios millones de años atrás el curso del río Magdalena se ha visto influenciado por el tectonismo regional y local, producto del choque de las placas Caribe y Suramericana, períodos de sequías y alta pluviosidad, subidas y bajadas súbitas del nivel del mar y por las glaciaciones del Pleistoceno, siendo la más reciente, la ocurrida hace 11 mil años aprox. El río comienza a gestar un delta restringido, con islas amplias, canales diversos y delimitados tanto por la orilla dura del plegamiento del Atlántico, como por el golfo antiguo cercano a la Sierra Nevada de Santa Marta.

Nodos de avulsión, en círculos rojos, a lo largo del tramo final de río Magdalena, cerca de Palermo, Sitionuevo y Guaímaro (Roscosmos, Rusia 2012)


Ejemplo típico de un nodo de avulsión y su brazo cerca de Sitionuevo, departamento del Magdalena (Landsat abril 2016).






















 El proceso de avulsionamiento o avulsión del río Magdalena, presenta una serie de nuevos retos para el conocimiento fundamental de su génesis progradativa y precisamente, esta es una orientación que el autor viene desarrollando. Estas expresiones geomorfológicas descritas pueden entregar un entendimiento novedoso, de la manera como el régimen fluvio-deltaico del río Magdalena interactuaba, interactúa y puede interactuar con el Mar Caribe. Dentro del estudio desarrollado para el Consorcio Ribera Este, dentro del Diagnóstico Ambiental de Alternativas con el Ing. Néstor Escorcia y su equipo de trabajo, se hace una serie de propuestas enmarcadas en las características avulsivas del río, la identificación de varios de sus nodos y brazos de avulsión, sus extensiones sedimentarias, cambios de orientación y su recurrencia probable en caso de incrementarse el nivel del mar. Es evidente que la Ciénaga Grande de Santa Marta surge a partir no tanto de la extensión progradativa y sedimentaria del río en su confluencia con el Caribe, sino más bien por su adosamiento a su margen occidental, la partición constante, rítmica e interactiva de sus desembocaduras y las variaciones en la orientación de sus cursos y brazos. Lo anteriormente expuesto describe en síntesis, el avance avulsivo del río.  

Una visión geomorfológica más integrativa del devenir geológico y geográfico del río Magdalena, puede llegar a caracterizar también la conformación y sostenimiento de su parte más tangible y frágil: la biótica de sus manglares y cuerpos vivos adyacentes. Al mismo tiempo, puede llegar a explicar algunas unidades geocronológicas recientes en las inmediaciones de la ciudad de Barranquilla, el ambiente fisiográfico y tectónico del antes y después del surgimiento del río cerca de Calamar y por ende, las pautas para replantear una nueva concepción geoambiental, para la consolidación y repoblamiento biótico de la Ciénaga Grande de Santa Marta.



Ing. Msc. Víctor Hugo Marenco Boekhoudt 

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