miércoles, 15 de febrero de 2017

UN GEOCATASTROFISMO DEL RÍO MAGDALENA MUCHOS AÑOS ATRÁS...

Ocurrió hace unos diez mil quinientos u once mil años antes de nuestra era y este es en síntesis el recuento: Desde el año de 1987 ando en el ámbito de los materiales de construcción en los departamentos de la costa Caribe Colombiana. Siempre me inquietaron varios aspectos de mis viajes y labores por esas tierras: Habían dicho que el Yuma, Karakalí o Caripuña, como lo llamaban nuestros ancestros aborígenes, desembocaba por otros lados, fuera de la actual Bocas de Ceniza. Me llamaba la atención un regadero de arenas y gravas lisas ("Piedras Chinas" como le decíamos en mi niñez...) disperso de forma caótica a todo lo largo de Sabanalarga, Rotinet, Repelón, Arjona, Clemencia y otros municipios. El Magdalena hoy día, no tiene ni el poder ni sedimentos que pudieran generar depósitos con esos tamaños. Algunas de las piedras, en ciertos casos eran mayores que la palma de mi mano; durísimas hasta más no decir. Que el río trasegase en épocas pretéritas tampoco cuadraba de acuerdo a la distribución y los direccionamientos de los cauces. Algo faltaba... Las cosas no encajaban... Piezas dispersas, anotaciones desconexas y mucha incertidumbre. ¿Cómo era posible que esa depositación tan inmensa y regada por todo el departamento del Atlántico y parte del de Bolívar, hubiese hecho su aparición y bajo qué esquemas? Sabíamos que las rocas y las arenas tenían su origen en unos corpúsculos unicelulares que componen el plancton, los cuales al morir desprenden sus esqueletos de sílice y constituyen esas rocas. Son las diatomeas y las radiolarias. Pues bien ¿Pero dónde se formaron?


Foto 1. El Río y su discurrir actual... 

Todo se solucionó con base en una serie de fotografías que me enviaron del extranjero; desde Rusia para ser más preciso... El Yuma, Karakalí, Caripuña o Magdalena por más de 15 millones de años fue represado por el tectonismo de placas que formó los Montes de María; no salía al Mar Caribe. Junto con Él también cayeron en la trampa los ríos Cesar, San Jorge y Cauca. Para ese entonces, la Depresión Momposina era un lago descomunal; quizá el lago tropical antiguo más extenso que jamás haya existido. Más grande que el departamento de Antioquia... La última deglaciación generó muchas lluvias y un altísimo derretimiento de los casquetes de hielo, que circunvalaban los nevados de esa época. La pared natural que para ese entonces eran los Montes de María no pudieron contener ni el embate, ni el desbordamiento de las aguas del entonces megaembalse, como tampoco su presión. El hechizo se rompió; todo empezó como un raudal incipiente... Luego se desencadenó una serie de cataratas de tamaños descomunales. El agua rauda y a gran velocidad terminó de ahogar a los mastodontes, megaterios, variedades de caballos y tortugas gigantes que existían y pastaban por aquella planicie seca y lomosa. Una cantidad de árboles y especies vegetales siguieron a la corriente... La mortandad generada alcanzó dimensiones bíblicas, casi de extinción... Posteriormente el agua llegó revuelta con piedras, arenas y lodos lagunares. El torrente duró meses arremetiendo e invadiendo todo por delante. Desembocó por María La Baja, rellenó el Guájaro, pasó por Luruaco, formó la ciénaga del Totumo y vomitó sus flujos líticos cerca a Galerazamba. Al frente hay una isla de gravas y arenas que da fé y testimonio de lo ocurrido.


Figura 2. La desembocadura del Río y el fondo marino cercano...

Los invito a la conferencia que impartiré sobre este y muchos temas más, que relacionan al río, su historia, sus quehaceres, su futuro y claro, nuestras visiones del efecto del hombre, de la actual Depresión Momposina, ahora como cloaca inmensa y  del Antropoceno, con sus buenos y malos presagios. Para todo público.

@VictorMarenco Jueves 23 de febrero a las 6:00 pm en La Sociedad de Ingenieros del Atlántico. Cra 59 No. 72 -29. Link para visualizarlo en directo en móviles: https://www.youtube.com/watch?v=9f0nKSn0h6M 

lunes, 12 de septiembre de 2016

EL TAPÓN DE ANDREIS SE CORROBORA

¿HASTA DÓNDE CUMPLIRÁ SUS PROPÓSITOS EL NUEVO PUENTE SOBRE EL RÍO MAGDALENA?

Todas las estimaciones hechas y los registros de perforación para la construcción del nuevo puente, han demostrado la existencia de un estrato de calizas competentes, duras y compactas. Habíamos vaticinado que era muy poco probable que los barcos de gran calado pudiesen pasar en vista de las limitaciones del lecho del río Magdalena, a no ser que se adopten nuevos criterios de diseño sobre el puente o el canal del río.

Imagen de la proyección del nuevo puente entre Barranquilla y Santa Marta

Los buques tipos Handymax y Panamax son poco probables que puedan sortear el puente no por las limitaciones de altura, sino por el límite que impondrá la imposibilidad de dragar la roca caliza que yace en el fondo del río. 
Imagen del área de trabajo del sitio cercano al puente Pumarejo donde se ubica señalizadas las calizas duras del Tapón de Andreis.

Imagen del perfil geotécnico realizado por la firma Ecopuente y donde se corrobora el tapón de Andreis


Sin duda esta es una queja que demuestra que es pertinente reconsiderar la obra como tal dado a la restricción del calado y por ende, a la escasa frecuencia de paso de los buques que van aguas arriba después del nuevo puente. Hoy día a lo sumo pasan de uno a tres buques mensualmente por debajo del puente actual. ¿Si es justo haber considerado una obra de esa magnitud con un tráfico de esa clase?

De este tamaño salen las rocas calizas cuando se hace una labor de dragado en al vecindad del nuevo puente de Barranquilla sobre el río Magdalena. 

Para considerar el paso de los buques, es menester evaluar la forma de hacer el dragado a una roca tan dura y hostil a este proceso. Creo que es pertinente cotejar los estudios previos, actualizarlos si es posible y definir que se va a hacer con una situación de este estilo.

Incluso se sabe de sobra que la draga de la firma belga, Jean de Null, se vió en ascuas para realizar el dragado de esa porción del puente la cual es extremadamente dura. La cabeza cortante de la draga perdió varios dientes y se vió imposibilitado en completar una porción de dragado solicitada por Cormagdalena. 



Víctor Hugo Marenco Boekhoudt
Ing. MSc

EL RÍO MAGDALENA DESDE SU GEOMORFOLOGÍA

EL RÍO MAGDALENA DESDE SU GEOMORFOLOGÍA 


Al río grande de La Magdalena, lo tildan de veleidoso, de caprichoso y en algunos casos, de hasta rebelde. Nuestras poblaciones aborígenes lo llamaban “Karakalí en su tramo final, más sin embargo le tenían tantos nombres dependiendo de su ubicación y de la tribu imperante, (lo llamaron también “Yuma”, “Caripuña” y otros más...). Muy a pesar que en un sin número de ocasiones, se hizo impenetrable para las tropas de Rodrigo de Bastidas y Alonso de Ojeda en su desembocadura, hay algunas trazas de su historial sedimentario que han quedado plasmadas en sus huellas geomorfológicas. Su trazo dista mucho de ser un curso aburrido y sinuoso, repleto de esos meandros curvilíneos que caracterizan a unos tantos mas. Su carga sedimentaria es violenta, pesada y entre otras características, disímil. Quizá sea aquí el impacto antrópico donde más expresa su incidencia. Muchos científicos nacionales y extranjeros le atribuyen al caótico manejo de las tierras aledañas en sus riberas, a causa de los desarrollos agrícolas, ganaderos y proyectos viales, el incremento sustancial de los sólidos en su flujo. Esta condición innegable ha sido una causal importante, en la manera como esta arteria fluvial se expresa hoy día. Sin duda alguna la dependencia del país, la Región Caribe colombiana y varios municipios más, del río Magdalena es crucial e inobjetable. 



Algunos planos geográficos de la transición de la Colonia a la nueva República, evidencian un delta fluvio-marino, inmerso en la Ciénaga Grande de Santa Marta y fuertemente condicionado por los vientos alisios y las corrientes litorales del noroeste. A pesar que muchos de los enfoques de la geomorfología la dirigen hacia una ambientación geográfica, su base y sustento reside en la geología. Un estudio de las condiciones geomorfológicas de un ente tan dinámico, como el río Magdalena, ayuda a entender y a predecir su comportamiento. No debe asimilarse simplemente como un mero marco referencial.


Desde Calamar, sin tener una datación absoluta que estime el inicio de su tránsito hasta Bocas de Ceniza, el Magdalena ha sido muy sui géneris en su trasegar. Su discurrir previo residía dentro de un confinamiento en los entornos de la depresión Momposina. Hay particularidades muy visibles que muestran que el río Magdalena no inicia su desemboque en este sector, en un ambiente lacustre o fluvio-lacustre sino seco, en una planicie costera. Su curso realiza el fundamento de un relleno sedimentario primigenio en las cercanías de Calamar, divaga por los alrededores de Arroyo Hondo, Santa Lucía, Mahates abriendo un ramal incipiente hacia la zona inferior de la isla Barú. Las características líticas y reológicas de los terrenos adyacentes, muestran una gradación y una composición mineralógica muy similar a los sedimentos sólidos arrastrados por el Magdalena. Sin embargo el río opta por consolidar su curso mayor recostándose a la línea tectónica de las colinas bajas y monticulares del actual departamento del Atlántico, en su lado oriental. Es aquí cuando el río conforma su expresión geomorfológica típica. Hay evidencias incuestionables de la conformación de terrazas aluviales extensas, de su interacción con un antiguo golfo amplísimo y extenso que se localizaba entre la Sierra Nevada de Santa Marta y los últimos vestigios del plegamiento suroriental del hoy departamento del Atlántico. Desde el punto de vista geotectónico y por la incidencia del cinturón orogénico de San Jacinto, varios millones de años atrás el curso del río Magdalena se ha visto influenciado por el tectonismo regional y local, producto del choque de las placas Caribe y Suramericana, períodos de sequías y alta pluviosidad, subidas y bajadas súbitas del nivel del mar y por las glaciaciones del Pleistoceno, siendo la más reciente, la ocurrida hace 11 mil años aprox. El río comienza a gestar un delta restringido, con islas amplias, canales diversos y delimitados tanto por la orilla dura del plegamiento del Atlántico, como por el golfo antiguo cercano a la Sierra Nevada de Santa Marta.

Nodos de avulsión, en círculos rojos, a lo largo del tramo final de río Magdalena, cerca de Palermo, Sitionuevo y Guaímaro (Roscosmos, Rusia 2012)


Ejemplo típico de un nodo de avulsión y su brazo cerca de Sitionuevo, departamento del Magdalena (Landsat abril 2016).






















 El proceso de avulsionamiento o avulsión del río Magdalena, presenta una serie de nuevos retos para el conocimiento fundamental de su génesis progradativa y precisamente, esta es una orientación que el autor viene desarrollando. Estas expresiones geomorfológicas descritas pueden entregar un entendimiento novedoso, de la manera como el régimen fluvio-deltaico del río Magdalena interactuaba, interactúa y puede interactuar con el Mar Caribe. Dentro del estudio desarrollado para el Consorcio Ribera Este, dentro del Diagnóstico Ambiental de Alternativas con el Ing. Néstor Escorcia y su equipo de trabajo, se hace una serie de propuestas enmarcadas en las características avulsivas del río, la identificación de varios de sus nodos y brazos de avulsión, sus extensiones sedimentarias, cambios de orientación y su recurrencia probable en caso de incrementarse el nivel del mar. Es evidente que la Ciénaga Grande de Santa Marta surge a partir no tanto de la extensión progradativa y sedimentaria del río en su confluencia con el Caribe, sino más bien por su adosamiento a su margen occidental, la partición constante, rítmica e interactiva de sus desembocaduras y las variaciones en la orientación de sus cursos y brazos. Lo anteriormente expuesto describe en síntesis, el avance avulsivo del río.  

Una visión geomorfológica más integrativa del devenir geológico y geográfico del río Magdalena, puede llegar a caracterizar también la conformación y sostenimiento de su parte más tangible y frágil: la biótica de sus manglares y cuerpos vivos adyacentes. Al mismo tiempo, puede llegar a explicar algunas unidades geocronológicas recientes en las inmediaciones de la ciudad de Barranquilla, el ambiente fisiográfico y tectónico del antes y después del surgimiento del río cerca de Calamar y por ende, las pautas para replantear una nueva concepción geoambiental, para la consolidación y repoblamiento biótico de la Ciénaga Grande de Santa Marta.



Ing. Msc. Víctor Hugo Marenco Boekhoudt 

jueves, 16 de octubre de 2014

DESCRIPCIÓN EVALUACIÓN Y CARACTERIZACIÓN DE LA SINGULARIDAD GEOLÓGICA CALCÁREA EN LA CERCANÍA DE LA DESEMBOCADURA DEL RÍO MAGDALENA, BARRANQUILLA, COLOMBIA


EL TAPÓN DE ANDREIS

DESCRIPCIÓN EVALUACIÓN Y CARACTERIZACIÓN DE LA SINGULARIDAD GEOLÓGICA CALCÁREA EN LA CERCANÍA DE LA DESEMBOCADURA DEL RÍO MAGDALENA, BARRANQUILLA, COLOMBIA

Por Víctor Hugo Marenco Boekhoudt Ing. MSc

1.       ABSTRACTO

El río Magdalena en su tramo final, cerca de la desembocadura de Bocas de Cenizas, presenta una serie de características inherentes y muy particulares, que denotan  comportamientos geológicos interesantes y poco frecuentes en condiciones de este estilo. Los ríos poseen la tendencia a rellenar porciones de zonas bajas y cambiar la localización de sus bocas de desembocadura dependiendo de varios factores dinámicos y zonales, donde se involucran las corrientes marinas, los vientos predominantes, las variaciones de épocas de estiajes y aguas altas, como también las condiciones geológicas, hidráulicas, hidrológicas y de sedimentación del mismo río y de la geoestructura adyacente. Otra serie de evidencias de campo testimonian que el río se topó con una isla litoral en su devenir geológico y este tipo de condicionamientos, particularizó el ambiente geológico y geomorfológico del entorno. El cambio de curso y de desembocadura del río Magdalena en los últimos 50 mil años aproximadamente, ha sido determinante para el afianzamiento de su tramo final cuando interactuó con una isla coralina de ese entonces. Encima de los vestigios actuales de esa isla, se erige gran parte de la ciudad de Barranquilla. Por tanto se persigue definir una ambientación geográfica y geomorfológica, junto con una complementación geológica para describir sus características formacionales y estructurales.



2.       INTRODUCCIÓN


La actividad del agua, en el globo terráqueo, se concibe como el mayor acelerador de sus cambios geológicos, geográficos y geomorfológicos. El relleno sedimentario del litoral, la consolidación de terrenos jóvenes y el avance de la desembocadura del río Magdalena en su desempeño como ente geológico incidente, ha sido activo y acelerado enmarcado dentro de la temporalidad geológica reciente (en los últimos 10 mil años de actuación o período Holoceno). El río se ha caracterizado por poseer una capacidad de arrastre de sólidos alta, estimada en una variación de dos mil a tres mil millones de metros cúbicos por año. Este aporte de sólidos ha interactuado con el mar Caribe y sus condiciones de corrientes, vientos y períodos de regresión y progresión de aguas litorales. El río en gran medida transita por terrenos sedimentarios blandos y/o semiblandos en su cauce medio y superior, como son las estribaciones de la cordillera Oriental (de génesis sedimentaria), como también lo hace por las estructuras saprolíticas y lateríticas de la cordillera central (de génesis ígneo-metamórfica). Por sus particularidades cinéticas, el Magdalena es un río de apreciable velocidad en su desembocadura, superando valores de velocidad mayores a los 0.9 m/seg (1,9 nudos) y llegando a máximos de 2.35 m/seg (4,7 nudos) con el incremento del caudal por las precipitaciones. La carga sedimentacional sólida está constituida por arenas finas, limos y partículas arcillosas de tamaño diverso. No hay estudios sustentados de transportes de sedimentos en detalle que otorguen una información confiable de los diversos patrones de comportamiento de este fenómeno. Se sabe, considerando los registros históricos de batimetrías pasadas, por fotografías de la desembocadura y análisis de corrientes, que el aporte sedimentario del río magdalena es positivo. Por tanto y dada a esta condición, se explica la migración constante que ha tenido su desembocadura, mar adentro, en los últimos períodos geológicos.

Foto 1. Imagen Satelital LADSAT de la desembocadura del río Magdalena desde Sitio Nuevo hasta Bocas de Ceniza. Nótese el halo colorido que presenta la carga de sedimentos arcillo-limosos en su contacto con el mar por el efecto  Venturi.


Las obras de encauzamiento de la desembocadura por medio de los tajamares oriental y occidental, fuera de propiciar el acceso a los diversos puertos localizados aguas arriba, detuvieron la actividad de relleno característica del río, en sus proceder geológico. Este efecto antrópico necesario, requiere el análisis de sus conjeturas con el fin de proyectar el mismo  con el fin de determinar sus incidencias a corto, mediano y largo plazo.


3.       AMBIENTACIÓN GEOLÓGICA GENERAL

La génesis coralina y arrecifal del terreno donde se emplaza gran parte de la ciudad de Barranquilla es evidente e incuestionable. Su comprobación se sustenta en los diversos estudios de suelos realizados en la ciudad, como también las visualizaciones de explotaciones mineras a cielo abierto para la obtención de materiales de construcción y como materia prima para la elaboración de cemento. Varios sondeos de perforación, de apreciable profundidad, que se realizaron para la construcción del puente sobre el río Magdalena (1973) y el Dique Direccional (1991) también han testimoniado la presencia de esta composición calcárea.

El origen de la isla se atribuye a una génesis coralina por acreción arrecifal, que se encontraba inmersa en aguas poco profundas, cristalinas y con un componente diapírico importante en su basamento, aún hoy activo. Estudios geológicos posteriores pueden determinar el detalle del incremento de masa y volumen de acuerdo al tipo de desarrollo del componente arrecifal. Es muy posible que esta extensión sea concéntrica y radial, tal como se puede notar hoy día en la consolidación coralino-sedimentaria de las islas del Rosario (Departamento de Bolívar)  especialmente, en sus islotes e islas más recientes.

La sustentación de esta estructura calcárea se hizo sobre un conjunto de arcillas montmorilloníticas y limos abisales que actuaban como un fondo marino, el cual presentaba un levantamiento tectónico incipiente, a causa de la interacción de las placas tectónicas Caribe y Suramericana.

La migración y el aporte sedimentario activo por parte del río Magdalena, en su tránsito noroeste fue fundamental para la determinación de las nuevas unidades geológicas que entrarían a constituir su ambientación. La interacción de la isla arrecifal y el río fue fundamental para el modelamiento de las estructuras geológicas de tal manera que hoy día, se aprecian  geoformas importantes que evidencian tal fenómeno. La colmatación del litoral bajo y poco profundo, por medio de los aportes del río y el control del curso del río que ejercía la conformación coralino-arrecifal de otro lado, hacen un marcaje de elementos geomorfológicos de contención.

La conformación y consolidación de una capa o manto constituido por arenas silíceas y conchíferas de grano diverso, calizas coralinas oolíticas duras con cárcavas cársticas, junto con arcillas accesorias como material de relleno de oquedades y espacios libres, es una expresión estructural geológica presente en el centro, nororiente y suroriente de gran parte del emplazamiento de la ciudad de Barranquilla. El manto calcáreo presenta una inclinación leve conmensurada al este de 5° grados en promedio. La homogeneidad del mismo queda revelada por el curso de un curvamiento leve al este y extendido en unos 12.3 Km que testimonia el contacto inherente del río con el manto.


Figura 1. Especificación del leve meandro o curvamiento en su tramo final. La tendencia del relleno en un orden sureste noroeste es clara en lo que respecta a la migración del río. Ingeominas 1985.

El entorno geológico por tanto es altamente dinámico e incidente. El control de la desembocadura por parte de las obras hidráulicas de Bocas de Ceniza, representa un hito geológico y antropogénico de su actividad, lo cual no se traduce en consecuencias de ninguna índole, pero que por cuenta de los diversos deslizamiento de altas porciones de los tajamares en dos eventos hasta el momento detectados, si presupone un detallamiento de esta clase de dinámicas poco conocidas en términos científicos y técnicos.



4.       BASES GEOMORFOLÓGICAS

No hay mediciones confiables que determinen cuánto era la rata promedio de extensión del relleno ejercido por el río Magdalena antes de las obras de Bocas de Ceniza. Una estimación somera puede dar una idea de unos dos metros anuales como incremento. Esta correspondencia se basa en la datación geológica aproximada y en la migración de la desembocadura desde donde hoy día se ubica el municipio de Calamar. Tanto el gran aporte sedimentario, como la confluencia de la actividad de la corriente fluvial en conjunción con las marinas más el amparo que ejercía la Sierra Nevada de Santa Marta, el diapirismo activo hasta hoy día del fondo marino y la tectónica de placas, pueden ser considerados como los determinantes de la expresión geomorfológica de la pequeña planicie, del tramo final nororiental del río Magdalena.

El paisaje geográfico y geomorfológico está determinado por la interacción del río Magdalena con los vestigios de la antigua isla Coralina. Se posee un relleno extenso al oriente, donde se evidencian los paleo-cauces, paleo-bocas del río, vestigios de antiguos canales de comunicación (comúnmente conocidas en el día de hoy como lagunas) y el tramado conformacional de riveras y caños de conexión, donde actualmente está definido el parque vía Isla de Salamanca (mejor conocido como el VIPIS). Esta extensa expresión de barra marina semi consolidada, condicionada por la influencia perenne de los vientos alisios y las corrientes de mar afuera, se encuentra hoy día activa y en progreso formacional. Esta unidad paleomórfica está revestida de una suprema importancia por ser la base del poblamiento vegetal de un manglar exuberante y decisivo en el sostén de la vida vegetal y animal del parque en cuestión y también, por ser un elemento protector natural de advenimientos de fuertes oleajes y/o subidas de niveles del mar Caribe. La consolidación geomorfológica actual del tramo final del río, dependerá en mucho de la estabilidad, recuperación y consolidación de la barra marina en forma de VIPIS

El emplazamiento geomorfológico de la orilla occidental del río se caracteriza por ser un monoclinal alargado y con una inclinación de 5 grados al oriente fundamentalmente, ya anteriormente descrito. Fuertes flujos de escorrentías se encargaron del labrado parcial de gran parte de esta estructura en su parte superior, en lo que actualmente se configuran como los cursos de los afamados arroyos de la ciudad de Barranquilla. No queda claro aún, el porqué de esta inclinación sostenida y el basculamiento, medianamente constante en términos geológicos y estructurales. Es evidente que la actividad geológica del río y su gran aporte sedimentario causaron el fenecer biológico de los sistemas coralinos pre-holocénicos en conjunción con la regresión marina por efectos de la saturación de las depositaciones fluvio-lacustres en su derredor.

Dentro de un contexto deposicional activo y a la vez sinuoso, el río Magdalena ejerció un control exhaustivo de todo el paisajismo geomorfológico en su tramo final y desplazó la ambientación calcárea y coralina inherente, para posicionar la areno-arcillosa.

La proyección actual de la expresión geológica y geomorfológica del Magdalena se remite a su novel desempeño como aportante de sedimentos para el fondo marino. Las obras de Bocas de Ceniza delimitan la consolidación de sedimentos en las orillas tanto fluviales como marinas. Esta nueva característica puede arrojar una serie de nuevos factores y condicionamientos que encuentran un desarrollo a través de un cañón submarino, localizado frente a su desembocadura, conocido como la “Llanura Abisal Colombiana” (-4.800 metros).

Funcionalmente el río Magdalena se comporta muy activo y decisorio dentro de sus balances de aportes tanto líquidos como sólidos. Dentro de este contexto general, llama la atención que de manera directa e indirecta, el río rige y define todas las unidades conformacionales del paisaje geomorfológico en la periferia de su tramo final. También determina el entorno inmediato de la orilla occidental por su accionar fluvio-lacustre.


5.       LINIEAMIENTOS GEOESTRUCTURALES ESPECÍFICOS

El manto o capa de origen calcáreo-arenoso anteriormente descrito, está revestido de una gran importancia tanto por su extensión en amplios sectores de la ciudad de Barranquilla, como también por sus implicaciones estructurales y de estabilidad que ofrece, propias de su constitución litológica y geoestructural.

Si bien dentro del acervo de la literatura técnica aparece alguna nomenclatura para la descripción de algunas unidades geológicas, dentro de esta propuesta no se adoptará alguna, con el fin de no sentar bases de discusiones improductivas. El cuerpo o manto calcáreo en cuestión, se conocía en la ciudad por diferentes causas y motivos, más sin embargo nunca se cuestionó la extensión, proyección y el alcance del mismo.



Figura 2. Composición orográfica geo-estructural de la ciudad de Barranquilla y sus inmediaciones, a partir de una imagen satelital rusa.

De acuerdo a la figura 2, se evidencia claramente el emplazamiento de la ciudad por encima del manto o capa calcárea. Hay escorrentías que viabilizan la tendencia del cuerpo hacia el río Magdalena. Muchas de ellas se presentan actualmente como cursos de aguas conocidos localmente como “arroyos”. Más al occidente se visualiza la cornisa o liniamiento geo-estructural de las laderas del noroccidente y suroccidente, que actúa como línea divisoria de aguas y delimita las dos mayores cuencas hidrográficas de la ciudad y conocidas como la occidental y la oriental.

El indicio de estos lineamientos marca una tendencia en el tránsito del manto calcáreo evidenciado en muchos sectores de la ciudad. A pesar de que ciertas perforaciones mostraron la presencia de estructuras calcáreas por debajo del cauce del río Magdalena, no se había cotejado una evidencia sensata de que dicho manto era homogéneo por debajo del mismo. Las interpretaciones hasta esos momentos, le concedían un carácter errático, focalizado y circunstancial a algunas detecciones del manto en cuestión.

 
6.       CALIBRACIÓN DEL MODELO GEOLÓGICO

El cambio de la concepción del yacimiento de la capa o manto calcáreo-arenoso posee otra connotación interpretativa no solamente por los efectos anteriormente expuestos, sino que a raíz de las labores de dragado hechas en las inmediaciones de la Sociedad Portuaria de Barranquilla realizadas por la firma MAPESA.


Foto 2. Instantánea de las labores de dragado de roca caliza coralina, por MAPESA  en frente de la Sociedad Portuaria de Barranquilla; al fondo el puente Pumarejo.

Haciendo el cotejamiento de las informaciones de diversas fuentes, realizando el análisis de  sus características geológicas y geomorfológicas superficiales, considerando las perforaciones pasadas y recientes para el estudio geotécnico del nuevo puente y teniendo en la cuenta las labores recientes de dragado de roca caliza, tal como se muestra en la foto 2, queda en evidencia que el tránsito, la extensión y la presencia de roca caliza en el fondo del cauce del río Magdalena, obedece a una expresión geo-estructural regular de la formación calcárea de nuestro interés, la cual se encuentra amplia y regularmente difundida en gran parte de la ciudad de Barranquilla.

Como los ríos muy rara vez en sus tramos finales, presentan niveles duros en los fondos de sus cauces, este fenómeno se caracteriza como una “singularidad geológica”. Se evidencia que el manto de roca calcáreo-arenoso constantemente expresa su yacimiento en el fondo del cauce del río Magdalena, que la curva regular que ejerce el río en su tramo final es producto de la expresión del actuar del río con el manto calcáreo, que esta geoestructura proyecta un comportamiento regular y estable como singularidad dentro de este ámbito y que por tanto, una característica de este tipo puede tener repercusiones posteriores de toda índole.

Figura 3. Perfil geológico generalizado que indica la interpretación del yacimiento del manto de roca caliza por debajo del río Magdalena.

El autor, en homenaje a un gran pedagogo y hombre de alta sensibilidad social como lo fue  Alfredo Rafael Correa de Andreis, decidió nombrar dicha singularidad geológica como TAPÓN DE ANDREIS.

Es de notar que el término “Tapón” en usanza a la rareza de su origen, es un vocablo relativo y transitorio, que obedece a un posible limitante del curso gestacional del río.



7.       CONCLUSIONES
  
La singularidad geológica anteriormente descrita o “tapón hidráulico” es un hecho presente en el tramo final del río Magdalena. Se ofrece una localización de su expresión geológica y geomorfológica, como también un modelo de su génesis y extensión que es menester precisar con mucho más trabajo de campo y con la consideración de imágenes remotas y sondeos a mayor profundidad, en conjunción con análisis ingenieriles.

Se evidencia que por ser un estrato de conformación estable y con una apreciable dureza constitutiva, el cual el río no puede erosionar en su extensión y anchura, merece una caracterización y estudio de detalles acucioso y comedido con el fin único de definir sus particularidades litológicas, mineralógicas, geológicas, geomorfológicas, geotécnicas y estructurales entre otras. Cualquier emplazamiento logístico a las orillas del río, labores de dragado en varias escalas o profundidades, rellenos diversos, extensiones de márgenes, recorte de los mismos y/o  otros trabajos que inmiscuyan el laboreo del fondo o márgenes del mismo, requieren de una exhaustiva evaluación geológica previa.

Los planes y proyectos de dragados del fondo del río Magdalena y en especial, aquellos atenidos dentro de esta singularidad geológica o afectada por la misma, ameritan un estudio hidráulico exhaustivo. Cabe recordar que cualquier cambio de dirección de la corriente hidráulica del río puede tener consecuencias inesperadas en las márgenes u orillas del mismo y por ende puede afectar activos, logísticas y recursos instalados en sus litorales. Los canales de navegación u otros elementos competentes podrían verse notoriamente limitados u afectados, en caso de que sus diseños no amparen por los estudios adecuados antes de ejecutar obras en su periferia. El rompimiento del TAPÓN DE ANDREIS sin estudios previos, puede tener efectos impredecibles a mediano plazo.

Es evidente que el parque vía Isla de Salamanca se presenta como una gran barra marina que se configura como especie de defensa natural, contra las avenidas del mar Caribe por efectos de vientos, corrientes marinas y por las posibles subidas súbitas o erráticas del nivel del mismo. El activo y constante diapirismo de lodo en el lecho marino de la pequeña plataforma continental, durante los últimos 200 años, con el aporte sedimentario del río ayudaron a consolidar un cambiante balance de sólidos y líquidos que es menester vigilar y evaluar constantemente al detalle, con el fin de entender y propender por la estabilidad del ecosistema del parque y del sistema estuarino del río; en esta vigilnacia y evaluación constantes hay que incluir la famosa barra, el estado de las estructuras hidráulicas de su desembocadura y las de encauzamiento interior, los caños y canales de alimentación del VIPIS, y las estructuras de todos los proyectos logísticos emplazados en las riberas interiores.

A causa del fuerte incremento de la velocidad del río en sus últimos 11 kilómetros, a la aprobación de concesiones portuarias adosadas al tajamar occidental, al uso del mismo tajamar occidental como vía de transporte de carga pesada, a la gran cantidad de sedimentos en suspensión por parte del río y considerando los dos eventos de deslizamientos de masas que afectaron a los tajamares de Bocas de Ceniza (en 1936 y 1963), es imprescindible adelantar un estudio patológico estructural del estado y estabilidad de los Tajamares (en especial el occidental) y otro de seguimiento constante de la morfología y variación del sistema de sedimentación externo, conocido como La Barra.





Ing. MSc Víctor Hugo Marenco Boekhoudt